El anillo

Cuento de Elena Garro: El anillo

EL ANILLO

Elena Garro (México, 1916-1988)

(cuento)

Siempre fuimos pobres, señor, y siempre fuimos desgraciados, pero no tanto como ahora en que la congoja campea por mis cuartos y corrales. Ya sé que el mal se presenta en cualquier tiempo y que toma cualquier forma, pero nunca pensé que tomara la forma de un anillo. Cruzaba yo la Plaza de los Héroes, estaba oscureciendo y la boruca de los pájaros en los laureles empezaba a calmarse. Se me había hecho tarde. “Quién sabe qué estarán haciendo mis muchachos”, me iba yo diciendo. Desde el alba me había venido para Cuernavaca. Tenía yo urgencia de llegar a mi casa, porque mi esposo, como es debido cuando uno es mal casada, bebe, y cuando yo me ausento se dedica a golpear a mis muchachos. Con mis hijos ya no se mete, están grandes señor, y Dios no lo quiera, pero podrían devolverle el golpe. En cambio con las niñas se desquita. Apenas salía yo de la calle que baja del mercado, cuando me cogió la lluvia. Llovía tanto, que se habían formado ríos en las banquetas. Iba yo empinada para guardar mi cara de la lluvia cuando vi brillar a mi desgracia en medio del agua que corría entre las piedras. Parecía una serpientita de oro, bien entumida por la frescura del agua. A su lado se formaban remolinos chiquitos.

“¡Ándale, Camila, un anillo dorado!” y me agaché y lo cogí. No fue robo. La calle es la calle y lo que pertenece a la calle nos pertenece a todos. Estaba bien frío y no tenía ninguna piedra: era una alianza. Se secó en la palma de mi mano y no me pareció que extrañara ningún dedo, porque se me quedó quieto y se entibió luego. En el camino a mi casa me iba yo diciendo: “Se lo daré a Severina, mi hijita mayor”. Somos tan pobres, que nunca hemos tenido ninguna alhaja y mi lujo, señor, antes de que nos desposeyeran de las tierras, para hacer el mentado tiro al pichón en donde nosotros sembrábamos, fue comprarme unas chanclitas de charol con trabilla, para ir al entierro de mi niño. Usted debe de acordarse, señor, de aquel día en que los pistoleros de Legorreta lo mataron a causa de las tierras. Ya entonces éramos pobres, pero desde ese día sin mis tierras y sin mi hijo mayor, hemos quedado verdaderamente en la desdicha. Por eso cualquier gustito nos da tantísimo gusto. Me encontré a mis muchachos sentados alrededor del corral.

—¡Anden, hijos! ¿Cómo pasaron el día?

—Aguardando su vuelta —me contestaron. Y vi que en todo el día no habían probado bocado.

—Enciendan la lumbre, vamos a cenar.

Los muchachos encendieron la lumbre y yo saqué el cilantro y el queso.

—¡Qué gustosos andaríamos con un pedacito de oro! —dije yo preparando la sorpresa—. ¡Qué suerte la de la mujer que puede decir que sí o que no, moviendo sus pendientes de oro!

—Sí, qué suerte… —dijeron mis muchachitos.

—¡Qué suerte la de la joven que puede señalar con su dedo para lucir un anillo! —dije.

Mis muchachos se echaron a reír y yo saqué el anillo y lo puse en el dedo de mi hija Severina. Y allí paró todo, señor, hasta que Adrián llegó al pueblo, para caracolear sus ojos delante de las muchachas. Adrián no trabajaba más que dos o tres veces a la semana reparando las cercas de piedra. Los más de los días los pasaba en la puerta de “El Capricho” mirando cómo comprábamos la sal y las botellas de refrescos. Un día detuvo a mi hijita Aurelia.

—¿Oye, niña, de qué está hecha tu hermanita Severina?

—Yo no sé… —le contestó la inocente.

—Oye, niña, ¿y para quién está hecha tu hermanita Severina?

—Yo no sé… —le contestó la inocente.

—Oye, niña, ¿y esa mano en la que lleva el anillo a quién se la regaló?

—Yo no sé… —le contestó la inocente.

—Mira, niña, dile a tu hermanita Severina que cuando compre la sal me deje que se la pague y que me deje mirar sus ojos.

—Sí, joven —le contestó la inocente. Y llegó a platicarle a su hermana lo que le había dicho Adrián.

La tarde del siete de mayo estaba terminando. Hacía mucho calor y el trabajo nos había dado sed a mi hija Severina y a mí.

—Anda, hija, ve a comprar unos refrescos.

Mi hija se fue y yo me quedé esperando su vuelta sentada en el patio de mi casa. En la espera me puse a mirar cómo el patio estaba roto y lleno de polvo. Ser pobre señor, es irse quebrando como cualquier ladrillo muy pisado. Así somos los pobres, ni quién nos mire y todos nos pasan por encima. Ya usted mismo lo vio, señor, cuando mataron a mi hijito el mayor para quitarnos las tierras. ¿Qué pasó? Que el asesino Legorreta se hizo un palacio sobre mi terreno y ahora tiene sus reclinatorios de seda blanca, en la iglesia del pueblo y los domingos cuando viene desde México, la llena con sus pistoleros y sus familiares, y nosotros los descalzos, mejor no entramos para no ver tanto desacato. Y de sufrir tanta injusticia, se nos juntan los años y nos barren el gusto y la alegría y se queda uno como un montón de tierra antes de que la tierra nos cobije. En esos pensamientos andaba yo, sentada en el patio de mi casa, ese siete de mayo. “¡Mírate, Camila, bien fregada! Mira a tus hijos. ¿Qué van a durar? ¡Nada! Antes de que lo sepan estarán aquí sentados, si es que no están muertos como mi difuntito asesinado, con la cabeza ardida por la pobreza, y los años colgándoles como piedras, contando los días en que no pasaron hambre”… Y me fui, señor, a caminar mi vida. Y vi que todos los caminos estaban llenos con las huellas de mis pies. ¡Cuánto se camina! ¡Cuánto se rodea! Y todo para nada o para encontrar una mañana a su hijito tirado en la milpa con la cabeza rota por los máuseres y la sangre saliéndole por la boca. No lloré, señor. Si el pobre empezara a llorar, sus lágrimas ahogarían al mundo, porque motivo para llanto son todos los días. Ya me dará Dios lugar para llorar, me estaba yo diciendo, cuando me vi que estaba en el corredor de mi casa esperando la vuelta de mi hijita Severina. La lumbre estaba apagada y los perros estaban ladrando como ladran en la noche, cuando las piedras cambian de lugar. Recordé que mis hijos se habían ido con su papá a la peregrinación del Día de la Cruz en Guerrero y que no iban a volver hasta el día nueve. Luego recordé que Severina había ido a “El Capricho”. “¿Dónde fue mi hija que no ha vuelto?” Miré el cielo y vi cómo las estrellas iban a la carrera. Bajé mis ojos y me hallé con los de Severina, que me miraban tristes desde un pilar.

—Aquí tiene su refresco —me dijo con una voz en la que acababan de sembrar la desdicha.

Me alcanzó la botella de refresco y fue entonces cuando vi que su mano estaba hinchada, y que el anillo no lo llevaba.

—¿Dónde está tu anillo, hija?

—Acuéstese, mamá.

Se tendió en su camita con los ojos abiertos. Yo me tendí junto a ella. La noche pasó larga y mi hijita no volvió a usar la palabra en muchos días. Cuando Gabino llegó con los muchachos, Severina ya empezaba a secarse.

—¿Quién le hizo el mal? —preguntó Gabino y se arrinconó y no quiso beber alcohol en muchos días.

Pasó el tiempo y Severina seguía secándose. Sólo su mano seguía hinchada. Yo soy ignorante, señor, nunca fui a la escuela, pero me fui a Cuernavaca a buscar al doctor Adame, con domicilio en Aldana 17.

—Doctor, mi hija se está secando…

El doctor se vino conmigo al pueblo. Aquí guardo todavía sus recetas. Camila sacó unos papeles arrugados.

—¡Mamá! ¿Sabes quién le hinchó la mano a Severina? —-me preguntó Aurelia.

—No, hija, ¿quién?

—Adrián, para quitarle el anillo.

¡Ah, el ingrato! y en mis adentros veía que las recetas del doctor Adame no la podían aliviar. Entonces, una mañana, me fui a ver a Leonor, la tía del nombrado Adrián.

—Pasa, Camila.

Entré con precauciones: mirando para todos lados para ver si lo veía.

—Mira, Leonor, yo no sé quién es tu sobrino, ni qué lo trajo al pueblo, pero quiero que me devuelva el anillo que le quitó a mi hija, pues de él se vale para hacerle el mal.

—¿Qué anillo?

—El anillo que yo le regalé a Severina. Adrián con sus propias manos se lo sacó en “El Capricho” y desde entonces ella está desconocida.

—No vengas a ofender, Camila, Adrián no es hijo de bruja.

—Leonor, dile que me devuelva el anillo por el bien de él y de toda su familia.

—¡Yo no puedo decirle nada! Ni me gusta que ofendan a mi sangre bajo mi techo.

Me fui de allí y toda la noche velé a mi niña. Ya sabe, señor, que lo único que la gente regala es el mal. Esa noche Severina empezó a hablar el idioma de los maleados. ¡Ay, Jesús bendito, no permitas que mi hija muera endemoniada! Y me puse a rezar una Magnífica. Mi comadre Gabriel, aquí presente, me dijo: “Vamos por Fulgencia, para que le saque el mal del pecho”. Dejamos a la niña en compañía de su padre y sus hermanos y nos fuimos por Fulgencia. Luego, toda la noche Fulgencia curó a la niña, cubierta con una sábana.

—Después de que cante el primer gallo, le habré sacado el mal —dijo.

Y así fue, señor, de repente Severina se sentó en la cama y gritó: “¡Ayúdeme mamacita!”. Y echó por la boca un animal tan grande como mi mano. El animal traía entre sus patas pedacitos de su corazón. Porque mi niña tenía el animal amarrado a su corazón… Entonces cantó el primer gallo.

—Mira —me dijo Fulgencia—, ahora que te devuelvan el anillo, porque antes de los tres meses habrán crecido las crías.

Apenas amaneció, me fui a las cercas a buscar al ingrato. Allí lo esperé. Lo vi venir, no venía silbando, con un pie venía trayendo a golpecitos una piedra. Traía los ojos bajos y las manos en los bolsillos.

—Mira, Adrián desconocido, no sabemos de dónde vienes, ni quiénes fueron tus padres y sin embargo te hemos recibido aquí con cortesía. Tú en cambio andas dañando a las jóvenes. Yo soy la madre de Severina y te pido que me devuelvas el anillo con que le haces el mal.

—¿Qué anillo? —me dijo ladeando la cabeza. Y vi que sus ojos brillaban con gusto.

—El que le quitaste a mi hijita en “El Capricho”.

—-¿Quién lo dijo? —y se ladeó el sombrero.

—Lo dijo Aurelia.

—¿Acaso lo ha dicho la propia Severina?

—¡Cómo lo ha de decir si está dañada!

—¡Hum!… Pues cuántas cosas se dicen en este pueblo. ¡Y quién lo dijera con tan bonitas mañanas!

—Entonces ¿no me lo vas a dar?

—¿Y quién dijo que lo tengo?

—Yo te voy a hacer el mal a ti y a toda tu familia —le prometí.

Lo dejé en las cercas y me volví a mi casa. Me encontré a Severina sentadita en el corral, al rayo del sol. Pasaron los días y la niña se empezó a mejorar. Yo andaba trabajando en el campo y Fulgencia venía para cuidarla.

—¿Ya te dieron el anillo?

—No.

—Las crías están creciendo.

Seis veces fui a ver al ingrato Adrián a rogarle que me devolviera el anillo. Y seis veces se recargó contra las cercas y me lo negó gustoso.

—Mamá, dice Adrián que aunque quisiera no podría devolver el anillo, porque lo machacó con una piedra y lo tiró a una barranca. Fue una noche que andaba borracho y no se acuerda de cuál barranca fue.

—Dile que me diga cuál barranca es para ir a buscarlo.

—No se acuerda… —me repitió mi hija Aurelia y se me quedó mirando con la primera tristeza de su vida. Me salí de mi casa y me fui a buscar a Adrián.

—Mira, desconocido, acuérdate de la barranca en la que tiraste el anillo.

—¿Qué barranca?

—En la que tiraste el anillo.

—¿Qué anillo?

—¿No te quieres acordar?

—De lo único que me quiero acordar es que de aquí a catorce días me caso con mi prima Inés.

—¿La hija de tu tía Leonor?

—Sí, con esa joven.

—Es muy nueva la noticia.

—Tan nueva de esta mañana…

—Antes me vas a dar el anillo de mi hija Severina. Los tres meses ya se están cumpliendo.

Adrián se me quedó mirando, como si me mirara de muy lejos, se recargó en la cerca y adelantó un pie.

—Eso sí que no se va a poder…

Y allí se quedó, mirando al suelo. Cuando llegué a mi casa Severina se había tendido en su camita. Aurelia me dijo que no podía caminar. Mandé traer a Fulgencia. Al llegar nos contó que la boda de Inés y de Adrián era para un domingo y que ya habían invitado a las familias. Luego miró a Severina con mucha tristeza.

—Tu hija no tiene cura. Tres veces le sacaremos el mal y tres veces dejará crías. No cuentes más con ella.

Mi hija empezó a hablar el idioma desconocido y sus ojos se clavaron en el techo. Así estuvo varios días y varias noches. Fulgencia no podía sacarle el mal, hasta que llegara a su cabal tamaño. ¿Y quién nos dice, señor, que anoche se nos pone tan malísima? Fulgencia le sacó el segundo animal con pedazos muy grandes de su corazón. Apenas le quedó un pedazo chiquito de su corazón, pero bastante grande para que el tercer animal se prenda a él. Esta mañana mi niña estaba como muerta y yo oí que repicaban campanas.

—¿Qué es ese ruido, mamá?

—Campanas, hija…

—Se está casando Adrián —le dijo Aurelia.

Y yo señor, me acordé del ingrato y del festín que estaba viviendo mientras mi hijita moría.

—Ahora vengo —dije.

Y me fui cruzando el pueblo y llegué a casa de Leonor.

—Pasa, Camila.

Había mucha gente y muchas cazuelas de mole y botellas de refrescos. Entré mirando por todas partes, para ver si lo veía. Allí estaba con la boca risueña y los ojos serios. También estaba Inés, bien risueña, y allí estaban sus tíos y sus primos los Cadena, bien risueños.

—Adrián, Severina ya no es de este mundo. No sé si le quede un pie de tierra para retoñar. Dime en qué barranca tiraste el anillo que la está matando.

Adrián se sobresaltó y luego le vi el rencor en los ojos.

—Yo no conozco barrancas. Las plantas se secan por mucho sol y falta de riego. Y las muchachas por estar hechas para alguien y quedarse sin nadie…

Todos oímos el silbar de sus palabras enojadas.

—Severina se está secando, porque fue hecha para alguien que no fuiste tú. Por eso le has hecho el maleficio. ¡Hechicero de mujeres!

—Doña Camila, no es usted la que sabe para quién está hecha su hijita Severina.

Se echó para atrás y me miró con los ojos encendidos. No parecía el novio de este domingo: no le quedó la menor huella de gozo, ni el recuerdo de la risa.

—El mal está hecho. Ya es tarde para el remedio.

Así dijo el desconocido de Ometepec y se fue haciendo para atrás, mirándome con más enojo. Yo me fui hacia él, como si me llevaran sus ojos. “¿Se va a desaparecer?, me fui diciendo, mientras caminaba hacia delante y él avanzaba para atrás, cada vez más enojado. Así salimos hasta la calle, porque él me seguía llevando, con las llamas de sus ojos. “Va a mi casa a matar a Severina”, le leí el pensamiento, señor, porque para allá se encaminaba, de espaldas, buscando el camino con sus talones. Le vi su camisa blanca, llameante, y luego, cuando torció la esquina de mi casa, se la vi bien roja.

No sé cómo, señor, alcancé a darle en el corazón, antes de que acabara con mi hijita Severina…

Camila guardó silencio. El hombre de la comisaría la miró aburrido. La joven que tomaba las declaraciones en taquigrafía detuvo el lápiz. Sentados en unas sillas de hule, los deudos y la viuda de Adrián Cadena bajaron la cabeza. Inés tenía sangre en el pecho y los ojos secos.

Gabino movió la cabeza apoyando las palabras de su mujer.

—Firme aquí, señora, y despídase de su marido porque la vamos a encerrar.

—-Yo no sé firmar.

Los deudos de Adrián Cadena se volvieron a la puerta por la que acababa de aparecer Severina. Venía pálida y con las trenzas deshechas.

—¿Por qué lo mató, mamá?… Yo le rogué que no se casara con su prima Inés. Ahora el día que yo muera, me voy a topar con su enojo por haberlo separado de ella…

Severina se tapó la cara con las manos y Camila no pudo decir nada.

La sorpresa la dejó muda mucho tiempo.

—¡Mamá, me dejó usted el camino solo!…

Severina miró a los presentes. Sus ojos cayeron sobre Inés, ésta se llevó la mano al pecho y sobre su vestido de linón rosa, acarició la sangre seca de Adrián Cadena.

—Mucho lloró la noche en que Fulgencia te sacó a su niño. Después, de sentimiento quiso casarse conmigo. Era huérfano y yo era su prima. Era muy desconocido en sus amores y en sus maneras… —dijo Inés bajando los ojos, mientras su mano acariciaba la sangre de Adrián Cadena.

Al rato le entregaron la camisa rosa de su joven marido. Cosido en el lugar del corazón había una alianza, como una serpientita de oro y en ella grabadas las palabras: “Adrián y Severina gloriosos”.

domingo, 4 de septiembre de 2016

La imagen de Julio César

En este espacio se le dará forma a la figura de Julio César a través de la obra de William Shakespeare. ¿Cuál es su caracterización? ¿cómo es este personaje? ¿cómo es su trato hacia los demás personajes?

29 comentarios:

  1. El personaje de Julio César se me caracteriza como una persona prepotente, que ha recibido poder y ha sido colocado en la posición que se encuentra sin mucho esfuerzo propio, por lo que se siente inseguro, pues no ha tenido el desarrollo que conlleva la dificultad del puesto. Su trato con los demás es déspota e indiferente, cree tener el respeto y admiración de todos.

    ResponderEliminar
  2. Yo veo a Julio César como una persona imponente pero necesitada. Todo lo que pide César, se debe de hacer sin titubear y lo que pregunta debe de ser respondido al instante. Sin embargo, el se siente vulnerable y débil cuando esta solo, él necesita mas a su gente que la gente lo necesita a él.

    ResponderEliminar
  3. Julio César es un personaje clave en la historia, claro además de que se llama la obra debido a él, es la figura de presunto poder. Es una persona que siempre requiere atención y hace las cosas con el propósito de sentirse querido y que los demás piensen bien de él. Como en la parte en que rechaza la corona, le duele rechazar la corona porque su objetivo es recibirla, sin embargo usa la estrategia de fingir despreciarla para ganar el amor del pueblo.

    Es una persona que requiere de los demás, para empezar quiere que cuando el habla todo mundo le ponga atención, por lo tanto Casca calla si es necesario al pueblo completo con tal de que él se sienta bien. Tiene complejos pero es muy listo porque sabe planear lo que quiere y manipular a las demás personas.

    ResponderEliminar
  4. Para mí Julio César es un personaje que tiene todo el poder, él es el único que puede ordenar a los demás y nadie se le va a contraponer sino van a sufrir las consecuencias.
    Siento que actúa de esta manera porque quiere intimidar a los demás y no quiere dar a conocer el verdadero él por miedo a que algunas personas se puedan aprovechar, aparte tiene un puesto muy importante que tiene que asumir y prefirió tener un carácter duro y frío.

    ResponderEliminar
  5. El personaje de Julio César se caracteriza en la obra como una persona de edad avanzada, egocéntrica, ambiciosa, vanidosa, sin humildad y que requiere de mucha atención. Su carácter se debe a querer personificar un estereotipo para que la gente lo adore. Se ve ante la sociedad como una persona humilde y buena. Mas cuando ya no aparece en las presentaciones con el pueblo su verdadero carácter florece.

    Además, durante estas siempre pide que alguien más calle a la multitud para que él pueda esparcir su mensaje. El nunca silencia a la gente como si no quisiera rebajarse a su nivel. Pero, a pesar de esto él depende de su gente para tener un sentimiento de pertenencia, humanidad y poder.

    ResponderEliminar
  6. Este personaje es egoísta, prepotente y de mayor edad, sólo piensa en sí mismo y nunca en las personas que lo rodean (únicamente cuando se siente amenazado). Estas personas piensan en él como un dios y Julio César constantemente les reitera que no están equivocados ya sea por medio de sus actos y sus palabras (por los cuales convence a sus seguidores de seguir aclamando y que él es una persona tan buena y todo lo qeu hace es correcto)

    ResponderEliminar
  7. Para mi Julio César es alguien sumamente prepotente, viejo, solo piensa en él porque es lo más importante (según él). Trata a los demás como si fueran cualquiera cosa sin importancia, se cree alguien que tiene la admiración de muchos cuando hay diversos personajes que atentan en contra suya. Por otro lado el es un personaje importante en la obra, digo la obra tiene su nombre.

    ResponderEliminar
  8. Yo creo que el personaje d eJulio César se comporta de manera muy ególatra, se aprovecha de que tiene a todo el pueblo a su merced para sentirse bien porque lo obedezcan. Parece muy seguro de sí mismo, sin embargo esto tan sólo lo aparenta, pues tal vez se porta así solamente frente a la gente. La verdad es que quizás incluso tiene una necesidad de admiración por parte del pueblo, y ella mayoría lo hacen (tal vez demasiado), pero hay quienes confabulan en su contra.
    Su trato con los demás es autoritario, intentando no dejar ver que es un tanto frágil y que de esta manera sigan idolatrándolo.

    ResponderEliminar
  9. Físicas: mayor de 50 años, complexión robusta, tez blanca, altura promedio para la época, sordo de la oreja izquierda,
    Psicológicas: ambicioso, arrogante, egoísta, paranoico

    Comportamiento: Denota que es arrogante a través de sus gestos. A través de su postura consterna que se cree superior que los que le rodean. Es orgulloso haciendo actos enfrente de su pueblo para que contemplen el poder que el posee para defender su nombre o hallar soluciones ante situaciones diversas. Al creer que él es una persona con gran poder e influencia en su pueblo comienza a tomar una postura paranoica creyendo que gente en su mismo grupo de confianza quiere tomar acciones negativas contra él. Tiene bien cimentada la idea de que los cobardes son los inferiores que merecen tomar la muerte por los valientes quienes son los superiores. Inclusive su visión de los hechos es nublada por esta creencia de imponer que él es realmente valiente. De igual manera, por ser muy orgulloso él es fácil de convencer manipulando este punto débil del emperador, convirtiéndose predecible.

    Relaciones: Trata a los demás como si él supiera que harán lo que el les pida. Demuestra cierto grado de preferencia a su gente de confianza. No permite que le hagan ofensas o que perjudiquen su imagen y se defiende de manera verbal. A él no le gusta batallar mucho con los asuntos de su pueblo y gran parte de las acciones sobre el pueblo las ejerce a través de su grupo de confianza. Su grupo de confianza cercano(específicamente calpurnia) es realmente apegado a él y se preocupan por él a un grado incomprensible. Su indiferencia con los que creía inferiores lo llevo a su muerte.

    ResponderEliminar
  10. Julio César es un hombre viejo con mucho poder en sus manos. Julio César es un personaje muy creído, narcisista, orgulloso e interesado. Este personaje le gusta ordenar sin que le contradigan. Quiere tener todo el poder que pueda, quiere sentirse supremo ante los demás. Siempre quiere tener toda la razón. Trata a los demás sin respetos, pues siempre les ordena y a veces habla mal de las personas. Julio César ante la multitud se muestra como una buena persona, dispuesta a hacer todo por su pueblo. Eso es lo que quiere aparentar para que lo amen y lo alaben. Pues cada vez que rechazaba la corona lo hacía con menos desprecio; en el fondo la quería. Cuando le advierten respecto de ir al Senado que era peligroso, Julio César decía que él no era un cobarde y que no tenía miedo; enseña como él creía que podía hacer cualquier cosa y que se creía muy fuerte. Al final, Julio César muestra vulnerabilidad cuando se da cuenta de la traición de Bruto.

    ResponderEliminar
  11. Julio César es un personaje principal de la historia, este es alguien prepotente, con mucha ira, que se llega a enojar con cualquier cosa. Es alguien que tiene mucho poder, y que puede hacer cualquier cosa que el quiera, sin tener consecuencias, esto conlleva al mal trato hacia algunos personajes, compañeros, o hacia las personas en general. Él hace las cosas para así poder setnrise bien, pero sigue necesitando de la atención de los demás

    ResponderEliminar
  12. Yo percibo a Julio César como un personaje egoísta, ambicioso y prepotente, que quiere ganarse el amor y apoyo del pueblo. Julio César quiere que, por sus acciones, la gente lo vea y lo trate como si fuera la mejor persona que ha existido, como un dios.
    El trato que Julio César tiene con los demás es muy cerrado, él espera que la gente siempre haga lo que quiera cuando lo quiera, esto lo hace ver como si su carácter fuera muy duro, cuando en realidad no es del todo cierto.

    ResponderEliminar
  13. El personaje de Julio César se percibe como un personaje egoísta, ambicioso, arrogante y prepotente debido a que éste quiere sentirse el más poderoso de su pueblo y quiere transmitir ese poder hacia los demás para que le hagan caso a lo que éste ordene. Cabe a mencionar que él quiere tener siempre toda la razón sin que lo contradigan.

    Este personaje trata a los demás con respeto y humildad para así de esta manera, todo el pueblo lo ame y lo alabe, y que de esta manera el pueblo no vaya a levantarse en contra de él.

    ResponderEliminar
  14. La forma en que yo percibo a Julio César es una persona muy egocéntrica y prepotente ya que los sirvientes hacen todo lo que él dice sin dudarlo, esto quiere decir que no solo es muy poderoso si no que tiene muchos seguidores, por lo que se infiere que existen razones que los sean ya sea por los actos hechos por Julio César o por su lealtad a la antigua Roma. También me pude dar cuenta de que él casi no sale en la obra aunque si llega a decir diálogos pero no para decir que el muestra liderazgo en la obra.

    ResponderEliminar
  15. Julio cesar a mi parecer, es un personaje complicado pues emana respeto y poder , te puedes dar cuenta que es amado por la gente , lo suficiente incluso para ser coronado rey (no fue coronado pero usted sabe a lo que me refiero) pero a la vez tambien te das cuenta que no siempre fue así , que alguna vez cesar fue debil e incluso cobarde y que al llegar al poder se volvio ambicioso eh desagradecido pues no compenso de manera justa a aquellos que lo ayudaro en el pasado.

    ResponderEliminar
  16. a julio cesar lo veo como una persona que necesita todo a su manera y aunque puede ser considerado no cede a las opiniones de otras personas y dirige de forma absoluta. también se puede decir que julio cesar es muy egocéntrica y prepotente .

    ResponderEliminar
  17. a julio cesar lo veo como una persona que necesita todo a su manera y aunque puede ser considerado no cede a las opiniones de otras personas y dirige de forma absoluta. también se puede decir que julio cesar es muy egocéntrica y prepotente .

    ResponderEliminar
  18. Yo veo a Julio Cesar como un personaje que es muy importante, ya que tiene un rango muy alto y se considera mejor que los demás. El lo único que hace es dirigir a los demás ya que eso es lo que conoce y en su vida a el siempre le han servido. Al igual que se ve que es alguien muy narcisista y solo se importa a si mismos.

    ResponderEliminar
  19. Julio Cesar era un personaje que era tratado con respeto por todas las personas ya que era la cabez de un pueblo ,pero el no merecia ese respeto ya que tenia una pesima actitud,era muy engreído, presumido entre otras cosas. Su actitud causa que despues conspiren contra el .

    ResponderEliminar
  20. En mi opinión Julio Cesar es un personaje que esta acostumbrado a tener todo (a que le sirvan sin ninguna objeción), su manera de tratar a la gente a veces es muy fea, es una persona que le gusta el poder, piensa que es mejor que los demás y es una persona que no le interesa el bienestar o las opiniones de otras personas.

    ResponderEliminar
  21. Yo creo que Julio César era una persona labiosa, muchos le creeían lo que decía, creían que él sería un gran rey; era inteligente porque sabía quienes eran un peligro para él; era alguien que no era coherente: decía que no quería la corona cuando sí la quería. César se consideraba superior a los demás.

    ResponderEliminar
  22. Julio César es un hombre con poder e impotente, muestra ser fuerte y quiere que todos obedezcan inmediatamente lo que ordena, pero esto lo hace para esconder sus debilidades y miedo a que lo olviden, pues está acostumbrado a ser el centro de atención de todo el mundo. Trata a los demás de manera autoritaria, dándoles órdenes para su beneficio y placer y esperando una respuesta inmediata a sus preguntas y peticiones. Utilizaba muchos discursos para convencer a la gente de que hiciera lo que ordenaba, pero de manera que el pueblo aún lo quisiera, amara y adulara, y sabía muy bien que tenía enemigos detrás de él.

    ResponderEliminar
  23. El gran Julio César ha sido uno de los personajes más poderosos de la historia. Lo impresionante es que el poder lo obtuvo por sus propios medios, a partir de lo que obtuvo de sus padres. Como fue un gran general todo el pueblo romano lo quería, principalmente porque adoraban a los guerreros que traían gloria a la república. Cualquier persona desea ser querida, y Julio César no era la excepción; se portaba de manera muy orgullosa y poco humilde.

    Los senadores tenían celos de esto, y no deseaban que el poder descansara en un solo hombre. César no los trataba bien, a pesar de que él ayudó a Bruto a llegar hasta donde estaba. Julio César sentía que todos estaban a sus pies, sin contar lo que pensaban los senadores. Lo llevó a embriagarse del poder y de aprovecharse de los demás, manipulándolos a su parecer. Un ejemplo de la manipulación es el rechazo de la corona, que sólo hacía que el pueblo de Roma lo deseara más como gobernante. Sin duda es un personaje muy inteligente con talentos en política, que piensa que nadie tiene poder y que nadie le puede hacer daño; se siente como un dios, que va a salvar a Roma.

    ResponderEliminar
  24. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  25. El famoso "César" es la figura por excelencia de un monarca absolutista en el imperio romano. Su sola presencia es digna de una descripción solemne: alto (de acuerdo a su época) fornido, guapo, y aún a pesar de la supremacía de su figura, denota encanto, dominio de su carácter, y cierto desdén por acatar sugerencias ajenas. Por una parte, es la forma en que César se percibe a sí mismo, su autoestima, inicialmente o mejor dicho, aparentemente es alta, digna de un soberano de su calibre, sin embargo, también está la forma en que los demás personajes, sus súbditos, lo perciben. Es este el caso, en lo personal, el más interesante: La figura del líder, y César como uno de los pioneros en instaurar el modelo del soberano absoluto, así como fomentar el culto al líder.

    A través del primer acto, o del primer fragmento, se hace evidente la necesidad de muchos de los súbditos cesarianos de asegurarse de que este se encuentre tranquilo, satisfecho y en general feliz, esto conlleva al resalte de una incertidumbre incesante por parte del pueblo, en busca de estabilidad política y por ende socioeconómica, pues de esto depende no sólo la supervivencia dentro del castillo sino también en todo el pueblo.

    Finalmente, me resulta fascinante el “culto al líder”, pues en la historia se ha comprobado como uno de los factores determinantes para el triunfo de los gobernantes así como para la estabilidad de su gobierno. Se basa esto en el carisma con el que se dirige o es visualizado por parte de sus súbditos, lo cual aparece de manera convencional en César por una parte, pues no se permite discursos cargados de sentimentalismo, sin embargo, sí es notorio una apelativa bastante dominante hacia el pueblo. Por ello se concluye que el modelo del “rey noble” no cumple con todas las características, como el agrado de la totalidad del pueblo, pero sí con las del “dictador” que, por ende, a través de su política impositiva, preserva el orden y en el caso de César, es también el detonante que le causa la desgracia.

    ResponderEliminar
  26. Julio César se caraceriza por ser una persona vieja, poderosa, orgullosa, ambiciosa y controladora. Es una persona de doble cara ya que al presentarse con el pueblo siempre mostraba interés y respeto por ellos pero en realidad solo quería lograr tener la confianza de ellos para que lo sigan en sus planes. Tiene una gran virtud que es el liderazgo pero no lo emplea de la manera correcta ya que solo quiere que se haga lo que el quiere.

    Hacía los demás, es una persona que como tiene mucho poder se aprovecha de los demás y no acepta otras opiniones que puedan dañar lo que el quiere. La gente con la que confía no es mucha debido al carácter que tiene.

    ResponderEliminar
  27. Paola Chee: Julio César, por ser una figura de autoridad, es "normal" que actúe de cierta manera y con cierta autoridad. En aquella época el monarca debía de asimilar características como rigidez, indiferencia, seriedad, impotencia, controladora, entre otras características que ayudan a que el personaje forme una imagen de autoridad y así pueda ganarse el respeto del pueblo debido a que si no lo gana habría un completo descontrol.

    En el sentido en que el personaje se desarrolla en una época donde era necesario aquel tipo de comportamiento sin embargo en la actualidad ninguna persona (o al menos eso creo yo) es capaz de tolerar tal comportamiento.

    ResponderEliminar
  28. Julio César, se presenta como una figura líder, pero autoritario, egoísta, egocéntrico, arrogante, soberbio, ambicioso, con mucho orgullo, prepotente, considerando también que es de edad avanzada. Es una persona que busca constantemente la adoración y admiración de su pueblo, que busca ser atendido y respondido de inmediato.

    Es una persona con un carácter engañoso al presentarse como un buen líder humilde ante su pueblo, pero ese disfraz sólo oculta una personalidad llena de muchos anti-valores y problemas que complican el sentirse bien consigo mismo. De esta forma es interesante ver cómo es que efectivamente necesita de su pueblo para sentirse querido y atendido, ya que no le es posible ser feliz sin este aspecto, se presenta como un personaje con problemas de personalidad que complican la felicidad y satisfacción de uno mismo, por lo que tiende a buscar el consuelo en el autoritarismo presente en su mandato junto con la constante búsqueda de la atención y adoración de su gente, y el miedo que implica ser olvidado.

    ResponderEliminar